miércoles, 30 de setiembre de 2009

Investimento affettivo / Appropriazione (Henri Lefebvre)



Investimento affettivo: "Processo attraverso il quale un individuo o un gruppo valorizza un oggetto, vi investe le sue energie affettive, le sue capacità d'azione, tenta di farne qualcosa a sua immagine, secondo il suo stampo; tenta di farne la sua opera."

Appropriazione: "Procedimento attraverso il quale un individuo o un gruppo si appropria, transforma in bene proprio qualcosa di esterno, in modo tale che è possibile parlare di un tempo o di uno spazio urbano appropriato al gruppo che ha formato la città."

[…]

"1. In baso, o piuttosto nel basamento (alla base), una compresenza conflittuale di costrizioni e appropriazioni. Le costrizioni sono ció che viene imposto: sono l'organizzativo e l'istituzionale; sono la razionalità, la maniera nella quale la razionalità si esercita, diciamo pure tutto quanto concerne la costruzione, le autorizzazioni, i permessi di costruire, le norme, le abitudini degli architetti, etc. Uniti a questo insieme di costrizioni, il tempo, lo spazio dell'abitante comportano una certa appropriazione: l'abitante può modellare fino a un certo punto il suo tempo e il suo spazio, e questo costituisce il suo modo di abitare.

2. Al di sopra, c'è l'immaginario sociale, veicolato dal linguaggio, una specie di dispiegamento dell'immaginazione. L'abitante della casa suburbana interrogato dimentica gli inconvenienti della periferia suburbana che si manifestano sotto i suoi occhi; non li vede; li scorda, li scotomizza, vive l'abitazione suburbana sul modo della felicità; è una utopia: è un immaginario sociale.

3. Al livello ancora più "elevato", per convenzione ci sono ideologie elaborate o piuttosto fabbricate, dalla fine del XIX secolo, dalla stampa, da ogni sorta di propaganda, fra le quali una ideologia della proprietà. L'abitante della casa suburbana si sente proprietario; questo non si confonde con gli altri modi di essere, ma li corona, si sovrappone a quelli.

Vedete bene questi livelli sovrapposti, e più o meno articolati: livello 'inferiore': appropriazione e costrizioni; livello 'superiore': dispiegamento dell'immaginario sociale e del simbolismo; al livello ancora 'superiore': l'ideologia."

LEFEBVRE, Henri: Dal rurale all'urbano. Guaraldi. Firenze, 1973 (p 212, 214-215)

Inversión afectiva / Apropiación (Henri Lefebvre)



Inversión afectiva: "Proceso a través del cual un individuo o un grupo da valor a un objeto, invierte en él sus energías afectivas, sus capacidades de acción, intenta hacer de él algo a su imagen, según su molde, intenta de hacer de él su propia obra."

Apropiación: "Procedimiento a través del cual un individuo o un grupo se propia, transforma en un bien propio algo externo de manera tal que es posible hablar de un tiempo o de un espacio urbano apropiado al grupo que ha formado la ciudad."

[…]

"1. En lo bajo, o mejor dicho, en la base, una copresencia conflictiva de constricciones y apropiaciones. Las constricciones son aquello que es impuesto: son lo organizativo y lo institucional; son la racionalidad, la manera como la racionalidad se ejercita, digamos incluso todo aquello concerniente a la construcción, las autorizaciones, las licencias de construcción, las normas, las costumbres de los arquitectos, etc. Unidos a este conjunto de constricciones, el tiempo, el espacio del habitante comportan una cierta apropiación; el habitante puede modelar hasta un cierto punto su tiempo y su espacio y esto constituye su manera de habitar.

2. Encima, está el imaginario social, transmitido por el lenguaje, una especie de despliegue de la imaginación. El habitante de la casa suburbana interrogado olvida los inconvenientes de la periferia suburbana que se manifiestan bajo sus ojos; no los ve; los olvida, los escotomiza, vive la habitación suburbana sobre el modelo de la felicidad; es una utopía: es un imaginario social.

3. Al nivel aún más "elevado", por convención están las ideologías elaboradas o, mejor dicho, fabricadas, desde fines del siglo XIX, por la prensa, cualquier tipo de propaganda, entre las cuales se da una ideología de la propiedad. El habitante de la casa suburbana se siente propietario; esto no es confunde con otros modos de existir, sino que los corona, se sobrepone a estos.

Observen bien estos niveles sobrepuestos, y más o menos articulados: nivel 'inferior': apropiación y constricción; nivel 'superior': despliegue del imaginario social y del simbolismo; nivel aún 'superior': la ideología."

LEFEBVRE, Henri: Dal rurale all'urbano. Guaraldi. Firenze, 1973 (p 212, 214-215)

lunes, 28 de setiembre de 2009

domingo, 20 de setiembre de 2009

Estética (II)



En la actualidad, luego de la proliferación y eventual desgaste de las vanguardias del siglo XX, el arte se encuentra en un período de eclecticismo y omnipresencia en el sentido en que hoy, más que nunca, casi todos los productos son llevados a la categoría de “lo artístico”, mientras que, cada vez son más los artistas que exploran alternativas novedosas en cuanto a materiales, formas y la aplicación de nuevas tecnologías.[1]

En este contexto, hablar de estética implica siempre una revisión de las acepciones del término en si historia y de las nuevas posibilidades que éste nos plantea como herramienta (medio) para el análisis, la comprensión y la valoración de la producción contemporánea.

La estética no es el estudio de un constructo intelectual producto de un proceso racional y consciente, sino que muchas veces ocurre, ya que podemos emitir un juicio estético incluso antes de haber terminado de entender la obra y las motivaciones en su creación.

Este tipo de juicio se manifestará con apreciaciones del tipo “me gusta, no me gusta, es feo, es interesante, es ridículo”. Es así que el juicio del gusto, o del placer, no se constituye en un proceso lógico, sino que se trata de la apreciación subjetiva de ciertas acciones humanas. La estética como disciplina busca ordenar los procesos tras dicha apreciación y producir un sistema – en constante reinvención – que nos permita llevarla al plano de lo consciente, ya que no de lo racional.

La principal característica de la estética de nuestro tiempo, a diferencia de lo ocurrido durante el siglo XVIII e inicios del siglo XIX, e incluso lo enunciado durante el apogeo de la modernidad, es que ya no se puede referir al arte y a la producción artística cualquiera en términos absolutos. Ya no es la rama de la filosofía que se encarga de valorar lo bueno, lo bello y lo verdadero en el arte como categorías absolutas y ya no puede enjuiciar una obra de manera tajante. Nuestro tiempo no nos provee de herramientas o normas para definir categorías estéticas que sean válidas para las manifestaciones artísticas de la historia, ni acepta aquellas que los diferentes períodos históricos nos ofrecen.

Esta realidad ha devenido en un arte y una crítica del arte donde, en apariencia, todo es válido. La severidad del arte académico en donde el término estética comenzó a ser empleado, ha sido reemplazada por una indulgencia que hace sumamente complicado el análisis de lo que la obra nos provoca y su valoración.

En la arquitectura, las proporciones, el orden compositivo – zócalo, cuerpo y remate – la simetría, los ritmos, el equilibrio y otras muchas categorías tradicionalmente identificadas con la coherencia estética han sido hoy reemplazadas por categorías que constituyen una distorsión de las antes mencionadas o incluso, se refieren a lo opuesto: ambigüedad, asimetría, descomposición, sobreposición, yuxtaposición, entre muchas otras.

Si ya no podemos analizar el arte en función a términos absolutos, y los nuevos recursos y manifestaciones de éste hacen imposible el establecimiento de categorías de estudio en base a su forma que no esté condenadas a su propia caducidad, ¿en qué consiste, entonces, el debate estético contemporáneo?

La estética actual se basa en la subjetividad, tanto creadora como de aquel que se encuentra frente a la obra. Las categorías de bello o feo, entonces, se relativizan. Éstas deben ser vistas desde diversos ángulos que no parten de una norma o canon establecido, sino que van a depender de las subjetividades e intersubjetividades de los individuos que crean el objeto y de aquellos que lo perciben.

Los cánones formales han sido reemplazados por las voluntades de crear, representar y comunicar. Creemos que es en éstas que debe centrarse el quehacer de la estética. Sin embargo, las características formales del objeto son indispensables, en cuanto lo configuran y constituyen el lenguaje mediante el cual dicho objeto transmite un determinado mensaje (con o sin el consenso y la voluntad del creador).

Desde una perspectiva práctica, operacional, se enuncia en un primer momento que el análisis de la estética parte de la forma, como un todo y como un conjunto de partes que la constituyen. Dicha forma debe ser entendida y analizada no sólo como forma en sí misma (según las categorías ya mencionadas de proporción, simetría, etc.), sino en función a lo que ésta representa. La forma, dejará entrever las ideas, aspiraciones, sueños, mitos y creencias de quien la concibió. [2]

En un segundo momento, la estética debe ocuparse de la idea tras la creación, y cómo ésta viene representada por la forma previamente analizada. El conjunto de ambos elementos: forma e idea, nos dan la caracterización del objeto.

Existe, además, un tercer elemento fundamental: la llegada que el objeto en cuestión tiene en los demás individuos. Hemos hablado de un mensaje que se transmite, independientemente a la voluntad del creador, a través de la forma, pero no debemos olvidar la decodificación que el receptor hará de dicho mensaje, que podrá coincidir o no con la voluntad creativa que motiva la existencia o las características de de dicho objeto.


[1] “El régimen estético del arte es el tejido sensible, la red de nuevas relaciones entre el “arte” y la “vida” constituido a la vez por las invenciones artísticas, los nuevos lenguajes que no cesan de aparecer sin necesidad de asesinar a los lenguajes clásicos y las mutaciones en la percepción y en la sensibilidad ordinarias.” ALZURU, Pedro: “Una querella sin fin”. Revista de arte y estética contemporánea. Enero – Junio 2007. Mérida. P 98.

[2] “Estudiar la estética del imaginario, en las manifestaciones iconográficas postmodernas precisa el rescate de conceptos de la modernidad, que, siendo un estilo, posee paradigmas definidos tales como el progreso, el avant-garde, la búsqueda por lo nuevo, por lo único y lo original. […] La postmodernidad, a su vez, es inclusiva, es una tendencia, o una condición que acepta prácticamente todas las manifestaciones del imaginario humano […]. Esta condición postmoderna, entonces, valora lo ecléctico, la ambigüedad, la polisemia, la hibridación de muchas formas, mantiene un juego de una iconografía ecléctica y busca la multidimensionalidad y la libertad.” FURTADO RAHDE, Maria Beatriz y DALPIZZOLO, Jaqueline: “Considerações sobre uma estética contemporânea”. Revista da Associação Nacional dos Programas de Pós-Graduação em Comunicação. Abril 2007. P 7.

Estetica (II)



Nell’attualità, dopo la proliferazione e decrescita delle avanguardie del XX secolo, l’arte si trova in un periodo di eclettismo e onnipresenza nel senso che oggi, più che mai, un grande numero di prodotti cerca di essere portati alla categoria dell’“artistico” mentre che il più delle volte sono gli artisti che esplorano nuove scelte in materiali, forme e applicazioni di nuove tecnologie. [1]

In questa situazione, parlare d’estetica implica sempre un esame delle accezioni del termine nella sua storia e delle nuove possibilità che esse ci offrono come attrezzo (mezzo) per l’analisi, la comprensione e la valutazione della produzione artistica contemporanea.

L’estetica non è lo studio di una costruzione intellettuale, prodotta da un processo razionale e cosciente. Ci capita frequentemente che si possa emettere un giudizio estetico anche prima di capire il senso dell’opera e le motivazioni della sua creazione.

Questo tipo di giudizio si manifesterà con opinioni come “mi piace, non mi piace; è brutto, è interessante, è ridicolo”. È così che il giudizio del gusto o del piacere non si costituisce come un processo logico, ma è il godimento soggettivo di certe azioni umane. L’estetica come disciplina vuole ordinare i processi dietro di questo sentire di fronte all’opera d’arte e produrre un sistema – in costante reinvenzione – che ci permetta di portarla nel piano della coscienza, se non della razionalità.

La principale caratteristica dello studio contemporaneo dell’estetica - a differenza di quello che succedeva nel XVIII secolo e all’inizio del XIX, e anche con i postulati dalla modernità - è che non è più possibile fare riferimento all’arte e a una qualunque produzione artistica in termini assoluti.L’estetica non è più il ramo della filosofia che ha come compito la valutazione del buono, del bello e del vero nell’arte come categorie assolute e allora non può esprimere un giudizio tassativo su l’opera d’arte. Il nostro tempo non ci offre mezzi o regole che descrivano categorie estetiche valide per le manifestazioni artistiche della storia, né accetta quelle che i diversi periodi storici ci offrono.

Questa realtà ha prodotto un'arte e una critica dell'arte nella quale sembra che tutto sia valido. La severità dell'arte accademico dove il termine "estetica" si origina, è spostata da un'indulgenza che rende difficile l'analisi di quello che l'opera significa, di quello che provoca in noi, e quindi, della sua valutazione.

Nell’architettura le proporzioni, l’ordine compositivo, la simmetria, i ritmi, l’equilibrio e tante altre categorie tradizionalmente identificate con la coerenza estetica sono stati sostituiti da categorie che si costituiscono come una distorsione di quelle o che, addirittura, si riferiscono proprio al loro contrario: ambiguità, asimmetria, decomposizione, sovrapposizione, giustapposizione e forme originate dal computer, tra tante altre.

Se adesso non possiamo continuare ad analizzare l’arte basandoci su termini assoluti e se i nuovi risorsi rendono impossibile lo stabilimento di categorie di studio che partano dalla forma e che non siano condannate alla sua caducità, come si organizza il dibattito estetico contemporaneo?

Da una prospettiva pratica, operazionale, diciamo in un primo momento che l’analisi dell’estetica parte della forma come un insieme ma anche come il complesso di parti che la costituiscono. Questa forma deve essere capita e analizzata non solo come forma in se stessa (secondo le categorie già note di proporzione, simmetria, ecc.), ma in funzione di quello che essa rappresenta. La forma ci permette di intravedere le idee, i sogni, i miti e quello che crede chi la concepisce. [2]

In un secondo momento, l’estetica deve occuparsi della motivazione che sta dietro la creazione e di come questa sia rappresentata attraverso la forma. L’insieme di questi due elementi: forma e idea, ci offrono la caratterizzazione dell’oggetto.

Esiste ancora un terzo elemento fondamentale: la ricezione che il suddetto oggetto ha negli altri individui. Abbiamo già parlato di un messaggio che è trasmesso - al di là della volontà del creatore - attraverso la forma. Non dobbiamo dimenticar però il processo di decodificazione che il fruitore segue di fronte al messaggio, che potrebbe coincidere o no con la volontà creativa che motiva l’esistenza o le caratteristiche specifiche di quell’oggetto.



[1] “Il regime estetico dell’arte e il tessuto sensibile, la rete di nuove relazioni tra l’“arte” e la “vita”, costituito alla sua volta dall’invenzioni artistiche, i nuovi linguaggi che continuano ad apparire senza assassinare i linguaggi classici e le mutazioni nella percezione e nella sensibilità ordinaria.” ALZURU, Pedro: “Una querella sin fin”. Revista de arte y estética contemporánea. Gennaio – Giugno 2007. Mérida. P 98.

[2] “Studiare l’estetica dell’immaginario, nelle manifestazioni iconografiche postmoderne, precisa il recupero de concetti della modernità che, essendo uno stile, possiede paradigmi definiti come il progresso, il avant-garde, la ricerca del nuovo, per essere unico e originale. […] La postmodernità, alla sua volta, è inclusiva, è una tendenza, oppure una condizione che accetta praticamente tutte le manifestazioni dell’immaginario umano […]. Questa condizione postmoderna, quindi, valorizza quello che è eclettico, l’ambiguità, la polisemia, l’ibridazione di molteplice forme, trattene un gioco di un’iconografia eclettica e cerca la multidimensionalità e la libertà.” FURTADO RAHDE, Maria Beatriz y DALPIZZOLO, Jaqueline: “Considerações sobre uma estética contemporânea”. Revista da Associação Nacional dos Programas de Pós-Graduação em Comunicação. Abril 2007. P 7.

martes, 15 de setiembre de 2009

Related Posts with Thumbnails